Ladrón de libros
Autor:
Jorge Cuba Luque
Editorial:
Colección AUTOPISTA DEL SUR
Género:
narrativa, cuentos
Año:
2015
páginas:
146
S/15.00
Sobre Ladrón de libros:
«La colección de cuentos Ladrón de libros es, a la vez, un paseo que empieza en París y termina en Lima, una reflexión sobre el placer estético y la violencia urbana de la década de 1980, así como el testimonio de la pasión del fútbol y la decepción de los sueños televisivos.
Jorge Cuba Luque varía su registro narrativo con fluidez y construye ironías, críticas sutiles y metáforas que muestran el oficio de un escritor que ha sabido conjugar su formación latina con el desarrollo académico alcanzado en Francia. Este libro es, sin duda, una reedición esperada y valiosa».
La editorial.
Ladrón de libros
Me convertí en ladrón de libros en París, apenas unos meses después de haber llegado con una visa de estudiante en el pasaporte y la borrosa convicción de hacer, en un par de años, una especialización en ya no recuerdo bien qué disciplina jurídica. Tras un largo vuelo Lima-Ámsterdam seguido ipso facto de un viaje en tren hasta la capital francesa, desembarqué exhausto en la Gare du Nord y me vi de pronto simbólicamente vinculado a los libros, sin contar con que ya de por sí París es acaso la ciudad más literaria y libresca del mundo. Acababa de morir, a avanzada edad, el escritor belga Georges Simenon, y casi toda la prensa de aquel ya lejano día de mi llegada reproducía la imagen del desaparecido novelista; por dondequiera que uno mirara veía portadas de diarios y revistas consagradas al autor, quien aparecía siempre con una pipa entre los labios y una mirada severa a través de gruesos anteojos. Hasta entonces yo no había leído nada de Simenon, pero sabía que había sido un prolífico autor de novelas policiales, así que, luego de trocar soles, florines y dólares por francos, compré, en un puesto de diarios de la misma estación, un librito de Simenon. Quartier nègre, en una modesta edición de bolsillo. Tomé mi propio gesto como un espontáneo homenaje al difunto que, de alguna manera, me daba la bienvenida en Francia, y fue también una forma de ejercer por primera vez in situ el francés que había estudiado en Lima. Tenía entonces veinticinco años y no sospechaba, respetable ciudadano del Perú y joven abogado, que pronto sería un consumado ladrón de libros.